-Un poco excedida de peso estoy, pero puedo usar jeans ajustados, algo que no todas pueden a mi edad – me dijo “romántica51” - en nuestra primera charla telefónica.
Habíamos tomado contacto en un chat un rato antes. Yo – en mi habitual papel de “no me importa tu cuerpo sino tu corazón” – no le había pedido fotos ni descripciones absurdas y la mujer igual quería explicarme que estaba buena, aunque un poco gorda.
Me dijo que estaba separada, que vivía con el hijo, que trabajaba en su domicilio, que aprovechando que vivía cerca de mi casa podíamos encontrarnos en cualquier momento. Vio mis fotos en el perfil de facebook que le pasé y comentó que yo parecía joven, pensando tal vez que eso me halagaba.
A la mañana siguiente empezamos a mensajearnos temprano. Yo debía trabajar y tantos mensajitos con una desconocida finalmente me parecieron exagerados, por lo que dejé de contestarle.
Alrededor del mediodía – yo estaba volviendo a mi casa – me llamó.
- Hola, tengo el corazón con agujeritos porque no me contestas los mensajes – se quejó.
Toda la situación era rara, pero la señora que podía usar jeans ajustados vivía muy cerca de donde yo estaba en ese momento, así que le dije que si quería nos veríamos inmediatamente.
- Dale – me dijo – estacioná frente a la entrada de la panadería y esperá que yo salgo de la casa de al lado.
Yo no tenía casi idea de cómo era la señora, así que dejé el auto donde me dijo, bajé y esperé que salga alguien y me salude.
Atrás mío estacionó un señor que entró por un pasillo de una casa antigua contigua a la panadería, frente a la cual yo estaba parado para mi cita de amor. Lo miré distraídamente. Era un hombre canoso, de unos 70 años, que caminaba con alguna dificultad. Estos detalles no hubieran quedado registrados, si no hubiera sido por los curiosos sucesos posteriores.
Inmediatamente después de que el señor maduro entrara por el pasillo, salió del mismo una mujer de unos 50 años, con restos de panza escapándose de su pantalón dos números mas chico, que me saludó visiblemente alterada.
- Hola, no me saludes con un beso – se atajó – ese que entró es mi marido, pero me estoy por separar. Te lo iba a decir. No podemos hablar aquí, porque puede volver y preguntar quien sos.
-¿Quéeeee? ¿ Vos estas loca? ¿Estas jugando a que tu marido se entere? – Yo no podía creerlo. Pensé que en cualquier momento aparecía el viejo y se armaba un escándalo.
- No, vos no entendés – dijo la señora un poco gorda- nos estamos por separar, yo puedo ir a tu casa esta noche si queres.
- Podés ir a la noche a mi casa pero no podes saludarme aquí… ¿Sabés cual es la diferencia entre vos y yo? Yo puedo hacer lo que quiero y vos no, porque estas casada. Sos una mentirosa. Chau – le dije, mientras me subía al auto rogando que el viejito no apareciera con un revolver, como en las películas malas.
Me fui y al rato recibí el ultimo sms : “sos un cobarde, vos te lo perdés” , dictaminó, irremediablemente rayada .
No le contesté, pero tenía razón.. No solo me daba miedo el marido engañado, sino también el contacto con semejante mentirosa. Y ni hablar del riesgo de que estallara en mi presencia el pequeño pantalón, con tanto cuerpo comprimido.